Día del Maestro

El 19 de marzo se ha instaurado el día del maestro de la construcción, a lo que adherimos con el mayor de los afectos.

La mano de obra es pieza fundamental para la ejecución de los proyectos y, por el momento, conforma un estamento de alto valor e importancia para el proceso constructivo. El sector, presenta de manera circunstancial, gran demanda de este tipo de recursos, lo cual mantiene en plena ocupación a quienes se desempeñan en esta actividad.

El Tarifado de la Construcción, vigente hasta 1981, cuyo objetivo era establecer precios básicos a todas las actividades, a las categorías y a las especialidades de la mano de obra que participaba en las faenas y obras. La que mejor recordamos era la definición contenida en dicho convenio del “maestro de primera”, es decir “trabajador especializado en alguna determinado oficio o artesanía quien, además de conocerlo en profundidad, sabía interpretar planos”. Esta capacidad, la de “interpretar planos”, junto con asignarle un mejor estatus laboral, les hacia acreedores a mejores remuneraciones también. Y se definían todos los oficios inherentes al proceso constructivo.

Muchos profesionales de la “vieja guardia” echamos de menos una jerarquización como la que estipulaba el Tarifado para la mano de obra. Hoy solo existen definiciones genéricas de “maestros” y “jornales”. Las estadísticas –cifras frías según los entendidos -, señalan que la productividad en la construcción es la más baja comparada con otras actividades productivas, comercio, industria, minería, pesca y agricultura, pese a los esfuerzos que se hacen para revertirla. ¿Porqué?

Las obras de construcción las diseñan los arquitectos, las calculan los ingenieros, las aprueban los servicios públicos, las administran los constructores y las ejecutan… los trabajadores, verdaderos motores de la industria, quienes con astucia, picardía y esfuerzo, mucho esfuerzo, sacan adelante sus diarias tareas, supliendo conocimientos con ganas y corazón. Porque es la gran deuda que aun tiene el sector con la mano de obra: apoyarles en su capacitación, tanto para mejorar sus habilidades como para su crecimiento personal.

Como en casi todo en Chile, las grandes diferencias entre lo que sucede en Santiago y las realidades regionales, hacen necesario que las grandes empresas, que ejecutan obras fuera de la capital, deban trasladar trabajadores especializados, con todas las dificultades y sacrificios que ello implica: alejarse de las familias, separase de sus padres, hermanos, cónyuges e hijos, por largos períodos. A su vez, las pymes regionales, subcontratistas menores, deben lidiar con la falta de mano de obra calificada, sin poder muchas veces terminar en buenos términos sus compromisos.

Es necesario, imprescindible – que duda cabe – , potenciar la capacitación de nuestros colaboradores. El Estado y las empresas tienen una gran responsabilidad en este real e ineludible desafío, el primero estableciendo políticas e incentivos para motivar el estudio y las buenas prácticas. En el caso de las empresas, concediendo las facilidades para permitir el mejor desempeño de quienes participan en el proceso constructivo. Todos ganan con ello: se mejora la productividad, se disminuyen las pérdidas y se incrementan los ingresos. Los actuales proyectos que incorporan nuevas tecnologías, eficientes sistemas constructivos, componentes y materiales de última generación requieren de operadores especializados y capacitados en acuerdo con tales novedades. Pero hay que hacerlo. No son suficientes las buenas intenciones y los encendidos discursos. Deben crearse instancias para que los trabajadores mejoren sus conocimientos, habiidades y competencias.

En periodos de alta demanda, las obras casi no se dan respiro por las exigencias de los programas de avance y por los compromisos de alcanzar plazos demasiado optimistas, lo cual no permite a las empresas “distraer” a su gente en programas de mejoramiento laboral. Al contrario, cuando se dan las “vacas flacas”, las empresas tratan de sobrevivir de la mejor forma posible, razón que tampoco les permite capacitar a sus trabajadores. Entonces ¿cuándo?.

Es preciso que los mandantes, sean del sector público o privado, asuman este real compromiso de responsabilidad social empresarial, exigir que el personal empleado por las constructoras, grandes o pequeñas, esté calificado, con acreditación o certificación de entidades reconocidas, lo cual solo representará beneficios generalizados para el sector.

Bonita iniciativa la de saludar a los “maestros” de la construcción en su día. Quienes trabajamos codo a codo con ellos, no solo los apreciamos en lo que hacen, sino que les respetamos y mantenemos una relación que es mucho más que laboral. Nos han acompañado en todo tipo de desafíos y solo podemos, en una oportunidad como ésta, saludarles y agradecerles por lo que representa su aporte y compromiso constante para el logro de los objetivos comunes. MC

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